Sudáfrica 2010: cuando España perdió el miedo y ganó el mundo
La Asociación de la Prensa Deportiva de Madrid (APDM) premiará la gesta de la Selección Española de Fútbol en el Mundial de Sudáfrica 2010 con ocasión del 15º aniversario de aquel histórico triunfo. El reconocimiento se realizará el próximo lunes 26, en el transcurso de la Gala de los Premios APDM 2025. En representación de aquella selección inolvidable estarán quienes simbolizaron en parte la esencia de aquel éxito: Vicente del Bosque, el seleccionador que dirigió al equipo con la precisión y la sensibilidad de un director de orquesta, y Ángel María Villar, presidente entonces de la Real Federación Española de Fútbol, cuyo papel fue deliberadamente discreto, sin protagonismos ni exposición pública, pese a ostentar la máxima responsabilidad institucional.
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Quince años después, el Mundial de Sudáfrica sigue siendo un punto de referencia para entender qué cambió en el fútbol español. No fue un accidente. Tampoco una noche irrepetible. Fue la culminación de una idea sostenida en el tiempo, protegida con convicción y ejecutada con una serenidad poco frecuente en el deporte de élite. España no ganó solo el 11 de julio de 2010. Empezó a ganar mucho antes, cuando decidió creer en sí misma.
“Lo más difícil no fue elegir a los mejores, sino convencerles de que lo importante era el equipo”, ha explicado con el paso del tiempo Vicente del Bosque. Su liderazgo nunca se construyó desde la épica impostada ni desde el discurso grandilocuente, sino desde la gestión de los egos, los silencios y las jerarquías invisibles. Del Bosque entendió que aquel grupo necesitaba menos consignas y más confianza. Menos tensión y más naturalidad. “Cuando el jugador se siente protegido, juega mejor”, ha repetido desde entonces.
El Mundial, sin embargo, comenzó torcido. La derrota ante Suiza activó viejos fantasmas en un país acostumbrado a desconfiar de sí mismo en los grandes escenarios. Pero aquel tropiezo fue, en realidad, una prueba de madurez. “Nunca vi al grupo dudar. Vi calma”, recuerda Del Bosque. España no renegó de su estilo ni buscó atajos. Siguió tocando, esperando, creyendo.
Ese convencimiento se transformó en resistencia. Honduras y Chile ordenaron el camino. Paraguay lo llevó al límite, en un partido donde el azar y la angustia amenazaron con romperlo todo. Y allí emergió una de las claves menos visibles de aquel equipo: su fortaleza emocional. “Había jugadores que entendían el juego incluso cuando no tocaban el balón”, subraya Del Bosque. No todos brillaban a la vez, pero todos sabían exactamente qué papel desempeñar.
En semifinales, Alemania representaba el futuro: potencia, velocidad, exuberancia. España respondió con inteligencia y control. El gol de Puyol fue algo más que una acción a balón parado: fue la confirmación de que aquel grupo sabía cuándo acelerar y cuándo esperar. La final ya no era un sueño improbable; era una consecuencia lógica.
El 11 de julio, en Johannesburgo, España llegó sin estridencias y sin miedo. Con Iker Casillas como capitán sereno; con Xavi e Iniesta gobernando el tiempo; con Busquets equilibrando lo invisible; con Villa sosteniendo la amenaza. Holanda propuso una batalla física, áspera, al límite. España respondió desde la paciencia y también desde la épica. El pie de Casillas ante Robben fue una de esas acciones que resumen un torneo entero.
La prórroga trajo el instante eterno. El pase de Navas, la llegada desde atrás y el disparo de Iniesta. El gol que no se grita: se suspira. “En ese momento no pensé en la historia, pensé en cumplir”, diría después el manchego.
Desde la presidencia federativa, Ángel María Villar siempre interpretó aquel Mundial como la validación de un proceso largo. “Sudáfrica no fue un milagro. Fue el resultado de creer en una estructura, en una manera de formar y en una identidad reconocible”, señalaría. Para Villar, el éxito no residió solo en levantar la Copa, sino en haberlo hecho sin traicionar un modelo.
El pitido final cerró una herida histórica. España era campeona del mundo y lo era a su manera. Aquel equipo no solo ganó un título: cambió la percepción exterior y, sobre todo, la interior. Perdió el miedo. Ganó el mundo.
Sobre la Gala Premios APDM 2025
La Gala Premios APDM 2025, que alcanza su décima edición bajo el lema “100 años de radio. 10 años dando voz al deporte”, se celebrará el próximo lunes 26 de enero, en El Beatriz Madrid Auditorio, a las 20.00 horas, en la calle José Ortega y Gasset, 29, y reunirá a destacadas personalidades del deporte, los medios de comunicación y las instituciones.