Recomendaciones psicológicas para sobrellevar la crisis

1. ¿Por qué la convivencia entre familiares es más complicada?

La convivencia se irá haciendo cada vez más difícil a causa del desgaste psicológico y emocional que produce estar en estado de alerta permanente, viviendo en una nueva situación en la que todos hemos abandonado nuestra rutina, pero especialmente por el peso de la incertidumbre.

En nuestra vida normal tenemos sensación de seguridad y control. Eso es lo que hemos perdido repentinamente. Además, está la propia gestión del miedo. A enfermar (o en su caso, a no poder superar la enfermedad producida por el contagio), a la ruina económica, e incluso el afrontamiento de pérdidas de seres queridos. Por ello, pasaremos por diferentes estados y etapas. Desde la negación inicial, al abatimiento y a momentos de desahogo e hiperactividad que no se manifestarán a la vez en todos los miembros de la familia. Eso es fundamental entenderlo para manejar los encontronazos o pequeñas discusiones que vayan surgiendo en el día a día en casa. Naturalmente, estarán en mayor riesgo aquellas familias que previamente tenían conflictos graves sin resolver, o una comunicación afectiva deficiente. En esos casos es recomendable que pidan apoyo psicológico.

2. ¿Cómo podemos gestionar un confinamiento tan largo con la familia? Consejos para mejorar la relación familiar durante el confinamiento

Debemos asegurarnos de que todos los miembros de la familia hayan comprendido y estén aplicando las normas de seguridad y acatan el confinamiento. Esto implicará en algunos casos llamar al orden a aquellos que intenten seguirse exponiendo. Con cariño, pero con firmeza: “No quiero que enfermes… No hace falta que salgas… Acepta que esto es grave no solo por ti sino por nosotros. Lo que tú hagas nos afecta…. Puedes contagiarnos…. Ten responsabilidad y conciencia de grupo”.

Manteniendo una mínima rutina con flexibilidad. (Observo que algunos padres o madres, en el afán de tener a los niños ocupados, se pueden estar excediendo al imponer una rígida  multi-actividad).

Siguiendo usando el despertador y no dejar de ducharse o vestirse. No debemos quedarnos en pijama.

Es necesario mantener las rutina de limpieza y orden de casa de forma compartida, implicando a todos los miembros de la familia (desde los dos años los niños aprenden a recoger sus juguetes, para ellos es un juego).

Cuidando las formas: deben quedar prohibidos el insulto, el grito y el golpe. Intentar pactar, acordar las tareas y hablar sobre aquello que molesta del otro antes de perder el control. El golpe no soluciona nada y ¡HACE DAÑO! Cuando insultas y pegas estás demostrando simplemente tu descontrol y desbordamiento. Inoculas miedo en tus hijos y dañas las relaciones. Este miedo y violencia se va acumulando y seguro que conseguirás que todo empeore mucho más.

Avisando y dando pistas a los demás sobre el propio estado de ánimo: los demás no son adivinos, no pueden saber lo que nos pasa dentro ni como fluctúa nuestra ansiedad. Por ello, si notas que estas más impaciente, triste, rabioso, con pocas ganas de hacer cosas, ¡¡DILO!! Y pide que te dejen ese día un poco de espacio. O si lo que te apetece es hablar, DESAHÓGATE, no pierdas el derecho a la queja, llora si es preciso, pero no intentes luchar contra ti mismo. Si te es posible por tu condición física o factores de riesgo, ese día “negro” ofrécete tú a salir a tirar la basura, sacar al perro o comprar el pan. Un poco de ventilación te vendrá bien.

Empezando cada día desde CERO. Si ayer tuviste un mal día, hoy no tiene por qué ser igual. No acumules. Date la oportunidad de reciclarte y rebobinarte. Eso posibilita el FUNCIONAMIENTO POR “RELEVOS” entre los miembros de la familia. Así puedes ocuparte, por ejempl, de los niños, mientras tu pareja se oxigena o pasa su mal día.

En la pareja, no os obliguéis a estar sincronizados emocionalmente. Eso es diferente a funcionar como equipo y como familia. Se trata de cuidarse mutuamente. Tendréis que desarrollar vuestra capacidad empática. No solo mirando hacia uno mismo, sino también intuyendo qué necesita el otro y, si es posible, proporcionárselo. INTUICIÓN, PONERSE EN EL PELLEJO DEL OTRO. ESO ES LA EMPATÍA.

3. ¿Cómo podemos crear nuestro propio espacio en casa conviviendo con familiares?

El espacio psicológico:

No necesariamente debe coincidir con el espacio físico. Debemos ser conscientes de que en la vida normal ya tenemos creados esos espacios, que usamos según nuestras necesidades. Recuperad, si los habíais perdido, esos momentos de compartir en familia la comida, cocinar con los niños, jugar, ver la tele o una película comiendo palomitas, salid un poco a tomar el sol a la terraza o al jardín y “estar con”.

Espacios propios de trabajo:

En muchas familias hay personas que deben seguir teletrabajando o teleestudiando. Por ello, si no existían esos espacios de trabajo en casa, es importante crearlos y pactar quien cuida de la familia mientras el otro o la trabaja. No es bueno abusar del trabajo y usarlo como escud, para aislarse o evitar estar en familia. MANTENER EL EQUILIBRIO ES LO IDEAL. No hay que extender la disponibilidad laboral más allá de lo necesario para tener momento de ocio, descanso y participación familiar.

Espacios para el desahogo en soledad: 

En algunos momentos, cuando nos sentimos inundados de sentimientos de miedo, rabia, tristeza, desasosiego, es bueno y necesario no reprimir y permitir ese desahogo. Aprovecha la ducha, o enciérrate en una habitación a hablar con tu mejor amigo o con alguien que te escuche. O pide ayuda psicológica. En estos momentos los psicólogos estamos trabajando en ello. Para otras personas es muy terapéutico hacer ejercicio físico, yoga, pilates o meditar. Es bueno hacerlo. Todo con tal de no permitir la acumulación de malestar emocional, pues esto favorecerá el descontrol de la conducta y el aumento de reacciones psicosomáticas.

Por Luisa Fernanda Yágüez Ariza. Piscóloga clínica y miembro del grupo Sports versus Violence que dirige Jero García https://lfyaguez.wixsite.com/psicologa

#APDMNosCuidamos

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